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abril 16, 2019

ESET participó de un voluntariado en el Banco de Alimentos y te cuento la experiencia

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Comencé a trabajar en ESET hace 3 semanas. Los primeros días fueron bastante intensos, tuve que aprender (sin mucho éxito) los nombres de mis nuevos compañeros, participé de varias capacitaciones y me dieron mucho material sobre seguridad para leer. Entre todo ese caudal de información me llegó un email con una invitación; la semana siguiente se iba a realizar una actividad, junto con una organización llamada Banco de alimentos, en la cual se iba a hablar sobre el consumo de alimentos, los desperdicios y la importancia de los desechos. Casi automáticamente me fui a google y busqué: “Banco de Alimentos”. Ingresé a la página oficial (les recomiendo que la visiten) y encontré mucha información sobre su misión y cómo la llevan adelante. Luego de interiorizarme un poco con el tema, decidí participar de la actividad. Cuando me llamaron para mi primera entrevista en ESET, hace más o menos dos meses, comencé a investigar sobre la empresa y encontré un par de palabras que se repetían constantemente: sustentabilidad y responsabilidad social. Leí mucho sobre estos temas, pero terminé de entender lo que realmente significaban y la importancia que tenían para la empresa participando de las actividades con el Banco de Alimentos.

Think & Talk, Sustentando ideas

Unas semanas después de la inscripción, fui a la sala de conferencias con un grupo muy numeroso, éramos más de 20 personas y obviamente no sabía el nombre ni de la mitad. Ahí nos esperaba Solange Basso, responsable de Recursos Humanos de la Fundación Banco de Alimentos, quien en el marco de las charlas Think & Talk, Sustentando ideas que organizó el Comité de Relacionamiento con la Comunidad de ESET, nos dio una charla muy interesante de una práctica sobre la que rara vez reflexionamos más de 2 segundos frente al tacho de basura, el desperdicio de alimentos. Se estima que la cantidad de comida que desechan injustificadamente empresas y personas alcanzaría para combatir el hambre, pero para eso hace falta canalizar los alimentos para que lleguen a las personas que los necesitan. En este punto es donde interviene la organización: recibiendo, clasificando, almacenando y distribuyendo comida que salió del circuito comercial. Como suele ocurrir con estas cuestiones, siempre hay recomendaciones que, si todos siguiéramos, ayudarían enormemente a la causa. Solange nos explicó que para evitar los desperdicios es fundamental aprender a conservar los alimentos, organizar la comida dentro de casa para que no se venza y calcular adecuadamente las compras que realizamos y lo que vamos a comer cada vez. Quizás haciendo esto no logremos reducir el hambre directamente, pero tomar consciencia de la problemática es un paso importantísimo.

Conectados, entra en acción

Tres días después de la charla me llegó otro mail con una invitación para sumarme a la iniciativa Conectados, entra en acción, en la que nos invitaban a ir al Banco de Alimentos a colaborar como voluntarios, obviamente no me llevó mucho tiempo confirmar mi asistencia. A la semana siguiente nos juntamos un poco más de 15 personas y, luego de cargar algunas donaciones que habíamos juntado internamente, partimos hacia Munro (una localidad que limita con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la que funciona el Banco de Alimentos). Nos recibió Solange con un grupo de colaboradores quienes nos explicaron las tareas que íbamos a realizar y nos dividieron en grupos. Estuvimos alrededor de 4 horas organizando, clasificando y embalando alimentos, mientras conversábamos entre nosotros. Para incentivarnos, uno de los colaboradores, que trabaja todos los días en el depósito, organizó una pequeña competencia para ver qué equipo armaba más cajas con alimentos, las cuales luego serían repartidas a organizaciones, comedores y personas. Entre todos logramos clasificar 1600kg de alimentos, lo cual le permitió a la organización complementar más de 4800 platos de comida.

Finalmente, terminamos la jornada entre risas, fotos y saludos. Mientras volvíamos a la empresa me acordé de lo que había leído las semanas previas a mi ingreso, y las definiciones de responsabilidad social y sustentabilidad tuvieron un poco más de sentido. Como empresa aportamos a nuestra comunidad, tomamos consciencia de una problemática actual del contexto social y ambiental, y nos comprometimos para impactar positivamente en ella. Pero, además, esta experiencia generó un espacio de intercambio con mis nuevos compañeros de quienes, al menos, ya conozco los nombres. Todos estos aspectos son fundamentales para ESET ya que afianzan el trabajo en equipo y renuevan el compromiso de la empresa y de sus colaboradores con una comunidad de la que formamos parte y que no podemos separar de los objetivos del negocio.


Si te quedaste con ganas de ver cómo funciona el Banco de Alimentos y conocer la experiencia de otros colaboradores de ESET ¡no te pierdas este video!


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